
Wall Street 2
No es en absoluto común que la segunda entrega de un éxito de taquilla se haga esperar una veintena de años. Después de ese tiempo, lo normal es que ya se hayan exprimido al máximo las posibilidades comerciales de las secuelas. Evidentemente no ha sido ése el caso de la segunda parte de "Wall Street". Mientras Gordon Gecko estaba entre rejas a Oliver Stone le ha dado tiempo de sobra a asentar su carrera y a encontrar el guión idóneo para ajustar cuentas con el mundo de las finanzas. Los mal pensados dirán que ha estado esperando a que estallase una crisis como la actual para ponerse manos a la obra.
El puesto -no el papel porque se tratan de dos personajes distintos- de Charlie Sheen como aprendiz de mago ha sido ocupado por una estrella en alza, Shia La Beouf, a quién hemos podido ver anteriormente en películas como la última entrega de Indiana Jones o la saga de Transformers y a quien se augura una gran carrera; esperemos que mejor que la de Charlie Sheen, que languidece en una serie televisiva de segunda después de tirar por la borda una carrera cinematográfica fulgurante como demostración de lo perjudiciales que pueden ser las malas compañías, aunque sea simplemente para irse de copas.
"Wall Street 2" no defraudará los espectadores a los que ya les gustó la primera entrega. Ritmo trepidante, argumento sólido e interpretaciones de gran altura para una de las mejores películas de Stone en mucho tiempo. Sin duda, la cinta está a la altura del "Wall Street" de los primeros ochenta que recomendamos ver, o volver a ver, antes de la secuela, aunque sólo sea por comprobar cómo ha avanzado la tecnología -teléfonos móviles del tamaño de un ladrillo o computadoras de una época en la que una pantalla plana era un objeto imposible de concebir por la mente humana- o para horrorizarse con el peinado o los modelos que "lucía" Daryl Hannah.





